Más importante que lo que comes, es: Porque comes y cuando comes. ¡Antes de planes y sustituciones alimentarias percibe el porqué y resuelve!
¿Por qué comes lo que comes?
Tantas y tantas respuestas te están pasando por la cabeza.
Porque tengo hambre.
Porque mi cuerpo necesita.
Porque me habité así.
Porque me gusta comer y soy un buen tenedor.
Comenzando con el hambre, la primera afirmación: "Porque tengo hambre".
El hambre es un estado límite de nuestro organismo tras la privación de alimentos. El hambre es rara vez sentida. Lo que se siente es apetito. Y el apetito es muy distinto del hambre, el apetito es emocional. Así que comemos por el apetito que sentimos. Y el apetito siendo emocional proviene de lo que sentimos y lo que sentimos muchas veces está ligado a creencias que nos fueron programadas.
Es decir, y tomando un simple ejemplo que todos nos recordamos y que probablemente aplicamos a nuestros hijos. “Si comes toda la comida tendrás una sorpresa, un premio, un mimo...” que habitualmente es un postre, poco o nada saludable. Un dulce.

Y así crecemos con la creencia de premiación a través de un dulce. Crecimos con la creencia de mío a través de un dulce. Crecimos creyendo que los dulces son premios a nosotros mismos, de merecimiento atribuido por las personas que más nos gusta y que en ellas están el significado de amor, cariño, de sentirse especial...
Siguiendo la segunda afirmación: "Porque mi cuerpo necesita".
Tu cuerpo necesita nutrición. Y si lo que comes es nutrición y salud estoy totalmente de acuerdo contigo. Si lo que comes poco tiene de nutrición y salud, tanto en el tipo de alimentación como en las cantidades, te pido tu reflexión para esa necesidad que invocas.
Es una necesidad tuya. No es nutricional, sino emocional. Y si lo que comes no nutre. Desnutre, entonces no estás cuidando tu cuerpo. Lo estás maltratando.

¿Qué te gustaría decir con eso?
En la tercera afirmación: "Porque me habité así".
Puede ser totalmente cierto. Creaste un hábito basado en una necesidad emocional. Tu consciente ha registrado que para tu supervivencia necesita eso. Este hábito tiene para ti una función llenar esa necesidad. Sin embargo, es una necesidad paliativa, destructiva. Te equivocarás tu necesidad con lo que comes, pero nunca es totalmente satisfecha y tienes alturas en que parece que nada la sacia. Sí creaste este hábito que necesitas tener conciencia que en nada resuelve.
Imagina un peluquero roto, tiene un agujero que tú vas llenando con esponja, pero como nunca lo coses la esponja va saliendo siempre, de cada vez que lo agitas. Hasta el día en que el agitas con más fuerza y sale toda la esponja quedando el peluche vacío.

Cuarta afirmación: "Porque me gusta comer y soy un buen garfo."
Nuestra relación más íntima es con la comida. Isabel Costa
No hay duda de que comer puede estar asociado a la sensación de placer, no solo por el paladar (que también se aprende) sino también por la socialización. El estar a la mesa con todos los sentidos y en buena compañía nos llena de necesidades primarias de placer y pertenencia. Pero no se trata de disfrutar de estos momentos, sino de un desequilibrio y una exageración en vivir estos momentos. Tanto en cantidad de alimentos como en el número de veces que los proporcionamos. ¿Qué quiere decir esto de nosotros? ¿Estamos con nuestras necesidades primarias llenas?
He oído varias veces que cuando alguien exagera una comida sea en alimentación, sea en bebida. "¡Está alegre!" ¿Pero no será lo contrario?

Como comemos y porque comemos dice tanto de nosotros. El acto de comer es mucho más que alimentar el cuerpo. Refleja quién eres, cómo eres y en qué fase de tu vida estás. Refleja tus necesidades emocionales, tus deseos, creencias y convicciones...
No se trata de alimentarnos se trata de nutrirnos y la nutrición es física, pero es sobre todo emocional.
De ahí la importancia de cura y desarrollo de ambas en la búsqueda, busca del equilibrio y salud.
Un adelgazamiento saludable y sostenible depende de tu cura mental y emocional.